"I had this idea that to write a love poem and give it to the one you desired was the most radical resistance. But now I see I was wrong. The most anticapitalist protest is to care for an other. To take on historically feminized, and therefore invisible, practice of nursing, nurturing, caring. To take seriously each other’s vulnerability and fragility and precarity, and to support it, honor it, empower it. To protect each other. A radical kinship."
Tenía esta idea de que escribir un poema de amor y dárselo a quien deseabas era el acto de resistencia más radical. Pero ahora veo que me equivocaba. La protesta más anticapitalista es cuidar un otro. Tomar la históricamente feminizada, y por lo tanto invisible, práctica de atender, nutrir y cuidar. Tomar en serio la vulnerabilidad, fragilidad y precariedad de cada unx y apoyarla, honrarla y potenciarla. Protegernos unxs a otrxs. Una hermandad radical.
My Body Is a Prison of Pain so I Want to Leave It Like a Mystic But I Also Love It & Want it to Matter Politically, Johanna Hedva (link)
lunes, 23 de mayo de 2016
martes, 17 de mayo de 2016
La rabia
"No hay nada ontológico en el concepto de la diferencia. Sólo es la forma en que los amos interpretan una situación histórica de dominación. Y la diferencia tiene como función enmascarar los conflictos de intereses a todos los niveles, incluidos los ideológicos.Esto supone decir que para nosotras no puede ya haber mujeres, ni hombres, sino en tanto clases y en tanto categorías de pensamiento y de lenguaje: deben desaparecer políticamente, económicamente, ideológicamente."Monique Wittig, El pensamiento heterosexual
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Le sacó los ojos,
le fracturó el cráneo y le voló los dientes. Eso le hizo a Nabila. A Nabila la oyeron gritar. Cuesta, una no quiere hacerlo,
pero imaginen cómo debe gritar una mujer a la que le están sacando
los ojos. Cómo gritarías tú, imagínatelo. A Nabila le sacaron los
ojos y aunque hubo gente que escuchó sus gritos, nadie
hizo nada. A Nabila también le partieron los huesos y la dejaron tirada en la vereda, quizá por si el frío la mataba.
En la calle y nadie hizo nada. Nada.
Las cosas están
brígidas, en serio. Eso nos decimos entre todas. Las cosas están
brígidas y se ponen peores cuando ya chatas nos lanzamos a
defendernos. No se ponen peores por sí solas, no po, las empeoran los
hombres. Mientras más intentamos evitar que nos maten y que nos
violen, más nos matan y nos violan.
Y no nos creen,
loco. No nos están creyendo y nos violan y nos muelen y nos matan.
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“La mayoría de las feministas, probablemente todas, practican alguna separación de los hombres y de las instituciones por ellos dominadas. Una separatista practica la separación conscientemente, sistemáticamente, y probablemente de una manera mas general que las otras, y defiende la completa separación como parte de la estrategia consciente de liberación. Y, contrariamente a la imagen de la separatista como cobarde escapista, la vida de la misma es la vida y el programa que inspira la mayor hostilidad, depreciación, insulto y confrontación, y en general ella es aquella contra quien las sanciones económicas operan más contundentemente(...) La separatista vive con el peso adicional de ser tomada por muchos como una prejuiciosa moralmente depravada que odia a los hombres. Pero aquí encontramos una pista: si estás haciendo algo tan rigurosamente prohibido por los patriarcas, debes estar haciendo algo bien.”
Marilyn Frye, Algunas reflexiones sobre separatismo y el poder
Las cosas están
brígidas. Eso mismo decíamos con una amiga a raíz de varios de
hechos atroces que ocurrieron cerca, entre las que
compartimos el mismo aire. Cosas que les pasaron a nuestras amigas,
pero también a otras mujeres en otras tierras y en otras vidas y en
otras ideas, y que de todas formas son nuestras compañeras,
parte de este nosotras manchado de sangre. Porque somos
hermanas de sangre, aunque preferiríamos ser otra cosa.
Como las inquietudes
por estos tiempos que corren nos llevan a cada una a actuar como
puede para que el desastre no nos destruya, de pronto nacen encuentros y coincidencias.
Miras para el lado y te das cuenta de que otra está en lo mismo, es
algo muy emocionante. ¿No te digo yo que las cosas están brígidas?
Se respira en el aire, aunque nos quieran asfixiar. Entonces la
aparición de otra cabra en lucha le dio la posibilidad a esta amiga
de organizar algo tan simple como una jornada de autodefensa
feminista.
Loco, no íbamos a
aprender a matar a ningún violador en dos horas :( No era más
que un encuentro alegre para poder enfrentar con potencia ese montón
de violencia que busca disminuirnos. Era un estar juntas, conocer las
experiencias de las otras y tratar de disponer el cuerpo de otra
forma.
Y ustedes no saben
lo difícil que es poder usar un espacio para esos encuentros. Porque
ustedes tienen el mundo entero para su pies y sus piernas y sus
brazos y sus caras y sus bocas y sus manos. Está más peluda la cosa
para nosotras, pero como yo tenía cercanía a un lugar que parecía servirnos, lo busqué para esta actividad. Un espacio seguro, antiautoritario, politizado, solidario, comunitario, no sé, yo pensaba que iba a ser bacán.
Ese lugar estaba
siendo habitado por otro grupo de personas, de las
cuales dos varones estaban ahí ese día. Les informamos de qué se
trataba la actividad y que era necesario que no pasaran cerca de la
sala en la que estábamos, para que se organizaran antes del comienzo (tenían todo lo demás para ellos). O sea
se los dije yo, así como soy, chica y chillona que se pone nerviosa
al hablar. Más encima tenía que hacerlo en inglés porque uno de
esos hombres era un extranjero que no sabía mucho español. Al
principio se los dije con mucha confianza, porque pensaba que iban a
entenderlo perfectamente ya que son anarquistas y tanta Emma Goldman
y sticker moraonegro y la cuestión. Pero resulta que no po,
ni que les hubieran sacado los choros del canasto. El europeo puso
cara de sorprendido y se rió (así como sólo ustedes se ríen de
nosotras, ya los tenemos cachados qué rato ya) y dijo que él en su
país había participado en muuuuuuchas actividades de autodefensa y
que jamááááás en la vida le habían negado la presencia, que no podía
creer lo que estaba pasando, pobrecín. Yo así tan relajada como
podía le contesté ya po, pero esta es una actividad feminista y
decidimos que no hubieran hombres porque íbamos a hablar y a
aprender sobre cómo defendernos de, eh, los mismos hombres ponte tú
y que probablemente podían llegar mujeres que habían sido atacadas
y que quizás no se sentían cómodas ante los varones o simplemente no querían y punto y que no costaba nada que nos dieran dos horas en
las que pudiéramos hacer lo que necesitábamos. El otro, el chileno,
dijo que no estaba de acuerdo con nuestra decisión porque la casa en
la que estábamos era un LUGAR INCLUSIVO. O sea que estábamos
excluyéndolos por ser hombres ¡discriminación! ¡el feminismo es
el machismo pero al revés! En ese minuto yo realmente no podía
creer que estuviera pasando eso. Porque confiaba en que estos cabros
eran diferentes.
Y empecé a pasarme el rollo de siempre: a lo mejor le estoy dando color, me tomo la cuestión muy en serio, quizás debería dejar que esto pasara. Pero no po, si supone que estas personas están al tanto del estado de las cosas, si han llegado al anarquismo después de un proceso de toma de posición que los llevó a entender que hay una forma en la que la realidad está siendo ordenada para aniquilarnos, si tienen una percepción común de todo lo que está mal y de lo que hay que disputar, entonces entenderían que estratégicamente es necesario que nosotras, históricamente violentadas, incluso por hombres de izquierda, tengamos acceso a algo tan simple como un espacio donde desplegar estos cuerpos en exploración de nuestras fuerzas y autoaprendizaje en las condiciones que nosotras mismas elijamos. Eso es la solidaridad Porque mientras más seamos, mejor. El asunto está tan claro que ni siquiera hay que votarlo en una asamblea, es una cuestión común. Se siente en la piel, es la idea que todxs tenemos de victoria.
El problema es que nuestra victoria no les conviene.
Y empecé a pasarme el rollo de siempre: a lo mejor le estoy dando color, me tomo la cuestión muy en serio, quizás debería dejar que esto pasara. Pero no po, si supone que estas personas están al tanto del estado de las cosas, si han llegado al anarquismo después de un proceso de toma de posición que los llevó a entender que hay una forma en la que la realidad está siendo ordenada para aniquilarnos, si tienen una percepción común de todo lo que está mal y de lo que hay que disputar, entonces entenderían que estratégicamente es necesario que nosotras, históricamente violentadas, incluso por hombres de izquierda, tengamos acceso a algo tan simple como un espacio donde desplegar estos cuerpos en exploración de nuestras fuerzas y autoaprendizaje en las condiciones que nosotras mismas elijamos. Eso es la solidaridad Porque mientras más seamos, mejor. El asunto está tan claro que ni siquiera hay que votarlo en una asamblea, es una cuestión común. Se siente en la piel, es la idea que todxs tenemos de victoria.
El problema es que nuestra victoria no les conviene.
A todo esto de
pronto se acercó la compañera que impartía el taller y muy chora los
mandó a la chucha sin darles explicaciones, se dio media vuelta y se mandó a cambiar, estupenda. Y yo, como todavía no
alcanzo esos niveles de choreza y porque torpemente -y en casos particulares- albergo
una esperanza (¡nec spe, hueona, nec metu!) de que si los hombres son
compañeros en otras luchas, en volá si les decimos dónde mirar van a
cachar dónde la están cagando y dejarán de hacerlo, me quedé ahí
tratando de solucionar el asunto. Recuerdo que me puse súper
nerviosa y quería salir llorando, realmente me sentía como el pico
y me quería venir pa mi casa y meterme a la cama con la gata, pero
eso significaba perder (contra mi misma, ellos estaban perdiendo solitos). Me acuerdo que traté de explicarle al
compatriota que si la casa era un lugar inclusivo, significaba que
entre todes debíamos encontrar la solución para que aquel excluido
del orden social normal pudiera hacer en ese espacio lo que no puede
en otros. Por ejemplo, cuando cocinamos ahí hacemos comida vegana,
aunque muchos igual comamos carne en otras ocasiones, pues así los veganos no se quedan
sin comer. Y todo esto se lo explicaba en inglés para
que el otro no quedara colgado. Así de ridícula era la situación. Al final ambos dijeron algo así como que no estaban de acuerdo con
nuestra decisión, pero que la iban a respetar, jajaja. VALE LOCO,
GRACIAS POR TANTO.
Quedamos todas con
la bala pasada. Después lo conversamos y lo que la una le decía a
las otras era loca, tengo tanta rabia. Se supone que son nuestros
compañeros, pero no quieren que hagamos nuestras cosas si no son a
su pinta. Entonces no son nuestros compañeros y no hay por qué
andar perdiendo el tiempo dándoles explicaciones.
Pero aquí estoy de
todas formas.
2
No hay que ser particularmente brillante como para reconocer que cuando nosotrxs hablamos de inclusividad, no lo hacemos bajo la misma lógica del heterocapitalismo. Para ellos la inclusión no es más que una forma de chuparnos toda la sangre, comernos todo el cuerpo y convertirnos en eso que a ellos les conviene para que no los destruyamos. Prefieren tenernos cerca, así, más que controlarnos, nos producen según sus reglas. No están siendo buena onda, no nos están dando una bienvenida: nos quieren obturadxs, agotadxs, impotentes. No es una invitación, están abriéndonos la puerta a la miseria.
No hay que ser particularmente brillante como para reconocer que cuando nosotrxs hablamos de inclusividad, no lo hacemos bajo la misma lógica del heterocapitalismo. Para ellos la inclusión no es más que una forma de chuparnos toda la sangre, comernos todo el cuerpo y convertirnos en eso que a ellos les conviene para que no los destruyamos. Prefieren tenernos cerca, así, más que controlarnos, nos producen según sus reglas. No están siendo buena onda, no nos están dando una bienvenida: nos quieren obturadxs, agotadxs, impotentes. No es una invitación, están abriéndonos la puerta a la miseria.
Nuestra inclusividad es otra cosa. No promete una presencia ni una representación a todo el mundo sólo porque sí y en cualquier momento. Si hablamos de inclusión nos referimos más bien a un ritmo para que aquellos cuerpos más violentados ahí afuera, en ese mundo que odiamos, puedan aumentar sus fuerzas. Y eso significa que a veces algunos van a tener que restarse o quedarse callados, especialmente cuando hablan desde una posición en la que están mejor que el resto. Porque si creen que lo más importante es poder gritar a los cuatro vientos todo lo que opinan, tener la última palabra y obtener acceso a cada encuentro, entonces están cooptados como el que más y no los necesitamos acá. Si se ponen así, no vamos a compartir nuestros espacios con ustedes. No nos interesa.
Si me pongo sincera, algo que no siempre se debe hacer, el asunto no se trataba necesariamente de seguridad ni de protección ni de que fuéramos débiles y asustadizas, una cosita frágil. Al menos si yo no quería que hubieran hombres merodeando en nuestro espacio no era porque me iba a poner nerviosa y me iba a dar miedo. Lo que yo no deseaba era que ellos supieran cómo puedo defenderme. En el momento en que se les asoma el machismo son potenciales enemigos. Si son enemigos, algún día podrían agredirme. Y si van a atacarme, no quiero que sepan cómo voy a responder. Pienso que es es exactamente lo que los asusta de nuestros agenciamientos, por eso se ponen así, intempestivamente a la defensiva y dando argumentos tan poco pensados.
Si me pongo sincera, algo que no siempre se debe hacer, el asunto no se trataba necesariamente de seguridad ni de protección ni de que fuéramos débiles y asustadizas, una cosita frágil. Al menos si yo no quería que hubieran hombres merodeando en nuestro espacio no era porque me iba a poner nerviosa y me iba a dar miedo. Lo que yo no deseaba era que ellos supieran cómo puedo defenderme. En el momento en que se les asoma el machismo son potenciales enemigos. Si son enemigos, algún día podrían agredirme. Y si van a atacarme, no quiero que sepan cómo voy a responder. Pienso que es es exactamente lo que los asusta de nuestros agenciamientos, por eso se ponen así, intempestivamente a la defensiva y dando argumentos tan poco pensados.
3
"When he's nice to me he's just nice to himselfAnd he's watching his reflectionI'm a five foot mirror for adoring himselfHere's seven years bad luckI wanna tell him"Lush, Ladykiller
Me enoja muchísimo
que este cuerpo haya sido producido de forma tal que la docilidad me
protege más que la rabia. No, no lo puedo decir así, la docilidad
no me ha protegido, nada más ha impedido que ciertos episodios
violentos escalaran a algo más amenazante y destructivo. Eso se
espera de nosotras: que nos dejemos violentar un poquito nomás, así
no pasa a mayores. Solamente la puntita. El asunto es que si reacciono con rabia, es probable que el ataque sea mayor, con más odio, con más saña, tal como lo hicieron con Nabila.
Igual que un
animalito, he tenido que hacerme la muerta para que no me hicieran
quién sabe qué cosas. Nunca sabré lo que no me hicieron, pero para
haber evitado eso, tuve que aguantar otras cosas que tampoco quería
que pasaran. Y no quiero seguir viviendo así, medio muerta. Quiero
toda la vida que me han quitado.
La rabia sirve, de todos modos. El mismo hecho de sentir rabia significa que algo en mi cuerpo cambió y que hay cosas que ya no quiero aguantar. La rabia facilita el alzamiento porque te quita el miedo, incluso puede ir acompañada de la cautela para que el movimiento sea más efectivo. Se puede tener rabia y no perder el control. La rabia ejercita al cuerpo. Esta no es la rabia colérica del fascismo, es la rabia alegre de quien va a liberarse.
La rabia sirve, de todos modos. El mismo hecho de sentir rabia significa que algo en mi cuerpo cambió y que hay cosas que ya no quiero aguantar. La rabia facilita el alzamiento porque te quita el miedo, incluso puede ir acompañada de la cautela para que el movimiento sea más efectivo. Se puede tener rabia y no perder el control. La rabia ejercita al cuerpo. Esta no es la rabia colérica del fascismo, es la rabia alegre de quien va a liberarse.
Hace unos días
hablé con alguien a quién me gusta llamar amigo, pero han pasado
algunas cosas que impidieron el desarrollo de esa amistad así que no
sé cómo nombrar esa relación, aunque sí, digamos amigo porque hay
que decretar. En todo caso, filo: estábamos hablando sobre por qué no hablábamos,
porque quizás ya sea hora de ponerse a hablar o no, pero algo hay
que hacer en esta época que está tan rara. Ese es de esos amigos
por los que yo, quizás porfiadamente, sigo insistiendo en explicarle
estas cosas a los hombres. Porque es de esos hombres a los que no les
gusta la idea de ser machistas de mierda, que preferirían ser otra
cosa, pero han aprovechado bastante las bondades del machismo de
mierda porque finalmente haber sido producido como varón es eso. Así
de simple. El machismo no se encuentra en las partes más conscientes
de su discurso, sino justamente ahí donde no se han podido ver a sí
mismos, ahí donde las cosas parecen naturales, ahí en lo que no están dispuestos a sacrificar, ahí en lo que nos reclaman a nosotras. Y eso pasa con todos
ustedes, cabros. Como dice Monique, rara vez se habla de dominación sobre aquello que ya se posee.
La cosa es que
estábamos medio curaos y el acuerdo que regía esa conversación era
la sinceridad, lo que a mí me pareció muy necesario y especialmente
bonito, porque podíamos serlo con cuidado e incluso cariño.
Hablando sobre lo que escribo -lo que es también una forma de hablar
de mi sin hacerlo directamente- este amigo dijo que habían cosas que
le gustaban y cosas que no. Lo que no le gustaba, explicó, era que
sentía que la rabia me cegaba. Ya: yo creo que si este mismo amigo
escucha a otra persona decir algo así de cualquier otro que siente
rabia, lo encontraría bien patudo ¿o no? Es más, pienso que aceptaría la
rabia de cualquier otra persona que podríamos llamar oprimida, que
incluso encontraría en la rabia ajena o en la propia un potencia
necesaria para luchar, cualquier rabia contra este mundo, menos la rabia de las mujeres. Cuando nosotras
tenemos rabia nos enceguecemos y no podemos ver las cosas como se
supone que son. Yo lo único que te puedo decir amigo, es que desde el
punto en el que estoy parada yo, junto a mis compañeras, estoy
viendo un montón de relaciones, producciones, violencias, opresiones y fugas que tú no. Volá tuya si me crees, pero sería genial que no me atribuyeras un error cuando simplemente estamos en planos de interpretación diferentes. Y pienso en lo maravilloso en que podrías
hacer este mundo si tú también pudieras ver lo mismo que nosotras, por eso insisto en
la hueá, no sólo contigo sino con otros a los que también quiero llegar a llamar amigos y saben quiénes son (aer, levanten la manito). Quizás no pienses que lo querías decir así directamente, porque uno
lleva adentro muchas palabras que no le son propias y trata de convencerse de lo contrario, pero si
cuestionas mi rabia en el fondo me estás pidiendo pasividad y
docilidad, me estás exigiendo que aguante, me estás demandando que
siga comportándome como una mujer debe. Y eso algún día me va a
matar. Así de brígidas están las cosas. Y con sinceridad y con
cariño y también con rabia, porque todo eso puede convivir en un
mismo cuerpo, te digo que me importa un pico que a un hombre no le
guste mi furia.
jueves, 5 de mayo de 2016
La vergüenza
Al final del camino,
rodeada de unos árboles que quizás eran eucaliptus, qué sabia yo
de árboles a esa edad, estaba la celda del animal. Mi papá se
adelantó, se quedó quieto un rato ante la malla de alambres y se
devolvió con una cara rara. Nos dijo que pobrecito, estaba muy asustado, quizás le habían hecho
algo malo, así que era mejor no perturbarlo, que para qué lo tenían ahí, que no era necesario. Mis primos y mis tíos le hicieron caso, no sé por qué, y tomaron el camino de vuelta, pero yo seguí caminando. Nadie me vio.
No sé, a veces nadie me ve.
Era más alto que
yo. Definitivamente más fuerte. No podía olerlo, aunque estaba
segura que debía haber olido a una mezcla de pipí de gato, leche
hervida y almendras tostadas. Qué ganas de olerle el cuello. Quería acariciarlo y hablarle, que me
entibiara la nariz con el calor de su hocico, meter los dedos por su
pelaje, descubrir si su piel se transformaba en su cornamenta o si esta salía de adentro, como un diente de las encías o lo que sea que pasara en ese límite entre carne y hueso.
Era más fuerte que
yo, era más lindo que yo. Era menos libre que yo.
El corazón me
palpitaba en todo el cuerpo y oía como la sangre corría dentro de
mi carne. Estaba asustada, estaba enternecida, estaba alterada,
estaba emocionada porque nunca había tenido algo tan hermoso al
frente, nunca había estado completamente sola ante algo tan
desconocido. Di un pequeño paso para calzar uno de mis ojos
en uno de los agujeros de la reja y sus ojos negros y
brillantes se encontraron con los míos en una mirada que era de terror
en los suyos y de descubrimiento en los míos. Descubrí mi ventaja,
devine pendeja de mierda. El control lo tenía yo, yo era la que
podía elegir entre ser buena, buena o mala, mala. Y nadie me había
visto. Vi como el cuerpo se le hacía más pequeño detrás de la
piel, de verdad se hundía dentro de sí; me pareció que reconocía mi triunfo y que cada gota de su
sangre podía llegar a ser mía si me atrevía a reclamarla. Nunca había dominado a nadie ni nada, siempre había sido la niña a la que le dicen qué hacer y
por dónde moverse y cuándo tener miedo y cuánndo paralizar los músculos y hacerse más chica o más quieta o más callada.
Podía ser mala por primera vez en la vida y nadie me estaba viendo.
El ciervo retrocedió todo chiquito y atemorizado.
Tome airé, enfoqué
mis ojos en los suyos sintiéndome gigante, agrandé mi pecho para
que entrara la maldad (después de todo, no sabía cómo ser mala), alcé los brazos con fuerza desde atrás hacia
adelante tratando de empujar una fuerza invisible contra él, como una magia negra, levanté
un pierna y tiré una pisotada fuerte al suelo y solté un ARRGGHHH o
algo así. No muy fuerte para que mi familia no escuchara. Quería
que huyera y que se fuera a esconder a su casita de palitos madera.
Quería sentirme poderosa. Humana. Grande.
Pero el ciervo me
devolvió una mirada peor, una mirada que venía de otros ciervos, de
todos los ciervos que el cautiverio le impidió conocer, una mirada
de cientos de años, una mirada de espíritus atrapados en animales,
una mirada de odio atroz, una mirada de músculos fuertes y cuerpo
capaz, una mirada de rabia y de la fuerza que yo nunca tendré. Odio
y fuerza. Juro que echó humo por la nariz, eso fue lo que vi,
incluso que le crecieron colmillos y tiraba espuma por la boca. Hasta cambió de color. Y con una velocidad no humana se
lanzó contra la reja como si quisiera reventarme los pulmones con
sus cuernos y levantarme por los aires para que viera mi sangre
derramarse sobre su pelaje. Pero se detuvo. Se detuvo muy cerca mío
mientras yo veía como le latía el corazón en todo el cuerpo y la
sangre lo golpeaba desde adentro porque el control lo tenía él, él
que era milenario, él que era de carne inmortal y huesos mágicos,
él que no era humano, él que con el pecho en alto y duro me decía
que no era algo tan vulgar como una niña de cinco años, que me
devolviera llorando por el camino de los eucaliptos, que corriera más
asustada que diez bambis juntos, con el cuerpo pequeño de pendeja de
mierda que cree que ser grande es ser mala y que no le contara nunca
a nadie sobre cómo un animal prisionero me había humillado
perdonándome la vida.
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