martes, 17 de mayo de 2016

La rabia

"No hay nada ontológico en el concepto de la diferencia. Sólo es la forma en que los amos interpretan una situación histórica de dominación. Y la diferencia tiene como función enmascarar los conflictos de intereses a todos los niveles, incluidos los ideológicos.
Esto supone decir que para nosotras no puede ya haber mujeres, ni hombres, sino en tanto clases y en tanto categorías de pensamiento y de lenguaje: deben desaparecer políticamente, económicamente, ideológicamente."
Monique Wittig, El pensamiento heterosexual

0

Le sacó los ojos, le fracturó el cráneo y le voló los dientes. Eso le hizo a Nabila. A Nabila la oyeron gritar. Cuesta, una no quiere hacerlo, pero imaginen cómo debe gritar una mujer a la que le están sacando los ojos. Cómo gritarías tú, imagínatelo. A Nabila le sacaron los ojos y aunque hubo gente que escuchó sus gritos, nadie hizo nada. A Nabila también le partieron los huesos y la dejaron tirada en la vereda, quizá por si el frío la mataba. En la calle y nadie hizo nada. Nada.

Las cosas están brígidas, en serio. Eso nos decimos entre todas. Las cosas están brígidas y se ponen peores cuando ya chatas nos lanzamos a defendernos. No se ponen peores por sí solas, no po, las empeoran los hombres. Mientras más intentamos evitar que nos maten y que nos violen, más nos matan y nos violan.

Y no nos creen, loco. No nos están creyendo y nos violan y nos muelen y nos matan.

1

“La mayoría de las feministas, probablemente todas, practican alguna separación de los hombres y de las instituciones por ellos dominadas. Una separatista practica la separación conscientemente, sistemáticamente, y probablemente de una manera mas general que las otras, y defiende la completa separación como parte de la estrategia consciente de liberación. Y, contrariamente a la imagen de la separatista como cobarde escapista, la vida de la misma es la vida y el programa que inspira la mayor hostilidad, depreciación, insulto y confrontación, y en general ella es aquella contra quien las sanciones económicas operan más contundentemente(...) La separatista vive con el peso adicional de ser tomada por muchos como una prejuiciosa moralmente depravada que odia a los hombres. Pero aquí encontramos una pista: si estás haciendo algo tan rigurosamente prohibido por los patriarcas, debes estar haciendo algo bien.”

Marilyn Frye, Algunas reflexiones sobre separatismo y el poder 

Las cosas están brígidas. Eso mismo decíamos con una amiga a raíz de varios de hechos atroces que ocurrieron cerca, entre las que compartimos el mismo aire. Cosas que les pasaron a nuestras amigas, pero también a otras mujeres en otras tierras y en otras vidas y en otras ideas, y que de todas formas son nuestras compañeras, parte de este nosotras manchado de sangre. Porque somos hermanas de sangre, aunque preferiríamos ser otra cosa. 

Como las inquietudes por estos tiempos que corren nos llevan a cada una a actuar como puede para que el desastre no nos destruya, de pronto nacen encuentros y coincidencias. Miras para el lado y te das cuenta de que otra está en lo mismo, es algo muy emocionante. ¿No te digo yo que las cosas están brígidas? Se respira en el aire, aunque nos quieran asfixiar. Entonces la aparición de otra cabra en lucha le dio la posibilidad a esta amiga de organizar algo tan simple como una jornada de autodefensa feminista.

Loco, no íbamos a aprender a matar a ningún violador en dos horas :( No era más que un encuentro alegre para poder enfrentar con potencia ese montón de violencia que busca disminuirnos. Era un estar juntas, conocer las experiencias de las otras y tratar de disponer el cuerpo de otra forma.

Y ustedes no saben lo difícil que es poder usar un espacio para esos encuentros. Porque ustedes tienen el mundo entero para su pies y sus piernas y sus brazos y sus caras y sus bocas y sus manos. Está más peluda la cosa para nosotras, pero como yo tenía cercanía a un lugar que parecía servirnos, lo busqué para esta actividad. Un espacio seguro, antiautoritario, politizado, solidario, comunitario, no sé, yo pensaba que iba a ser bacán.

Ese lugar estaba siendo habitado por otro grupo de personas, de las cuales dos varones estaban ahí ese día. Les informamos de qué se trataba la actividad y que era necesario que no pasaran cerca de la sala en la que estábamos, para que se organizaran antes del comienzo (tenían todo lo demás para ellos). O sea se los dije yo, así como soy, chica y chillona que se pone nerviosa al hablar. Más encima tenía que hacerlo en inglés porque uno de esos hombres era un extranjero que no sabía mucho español. Al principio se los dije con mucha confianza, porque pensaba que iban a entenderlo perfectamente ya que son anarquistas y tanta Emma Goldman y sticker moraonegro y la cuestión. Pero resulta que no po, ni que les hubieran sacado los choros del canasto. El europeo puso cara de sorprendido y se rió (así como sólo ustedes se ríen de nosotras, ya los tenemos cachados qué rato ya) y dijo que él en su país había participado en muuuuuuchas actividades de autodefensa y que jamááááás en la vida le habían negado la presencia, que no podía creer lo que estaba pasando, pobrecín. Yo así tan relajada como podía le contesté ya po, pero esta es una actividad feminista y decidimos que no hubieran hombres porque íbamos a hablar y a aprender sobre cómo defendernos de, eh, los mismos hombres ponte tú y que probablemente podían llegar mujeres que habían sido atacadas y que quizás no se sentían cómodas ante los varones o simplemente no querían y punto y que no costaba nada que nos dieran dos horas en las que pudiéramos hacer lo que necesitábamos. El otro, el chileno, dijo que no estaba de acuerdo con nuestra decisión porque la casa en la que estábamos era un LUGAR INCLUSIVO. O sea que estábamos excluyéndolos por ser hombres ¡discriminación! ¡el feminismo es el machismo pero al revés! En ese minuto yo realmente no podía creer que estuviera pasando eso. Porque confiaba en que estos cabros eran diferentes.

Y empecé a pasarme el rollo de siempre: a lo mejor le estoy dando color, me tomo la cuestión muy en serio, quizás debería dejar que esto pasara. Pero no po, si supone que estas personas están al tanto del estado de las cosas, si han llegado al anarquismo después de un proceso de toma de posición que los llevó a entender que hay una forma en la que la realidad está siendo ordenada para aniquilarnos, si tienen una percepción común de todo lo que está mal y de lo que hay que disputar, entonces entenderían que estratégicamente es necesario que nosotras, históricamente violentadas, incluso por hombres de izquierda, tengamos acceso a algo tan simple como un espacio donde desplegar estos cuerpos en exploración de nuestras fuerzas y autoaprendizaje en las condiciones que nosotras mismas elijamos. Eso es la solidaridad Porque mientras más seamos, mejor. El asunto está tan claro que ni siquiera hay que votarlo en una asamblea, es una cuestión común. Se siente en la piel, es la idea que todxs tenemos de victoria.

El problema es que nuestra victoria no les conviene.

A todo esto de pronto se acercó la compañera que impartía el taller y muy chora los mandó a la chucha sin darles explicaciones, se dio media vuelta y se mandó a cambiar, estupenda. Y yo, como todavía no alcanzo esos niveles de choreza y porque torpemente -y en casos particulares- albergo una esperanza (¡nec spe, hueona, nec metu!) de que si los hombres son compañeros en otras luchas, en volá si les decimos dónde mirar van a cachar dónde la están cagando y dejarán de hacerlo, me quedé ahí tratando de solucionar el asunto. Recuerdo que me puse súper nerviosa y quería salir llorando, realmente me sentía como el pico y me quería venir pa mi casa y meterme a la cama con la gata, pero eso significaba perder (contra mi misma, ellos estaban perdiendo solitos). Me acuerdo que traté de explicarle al compatriota que si la casa era un lugar inclusivo, significaba que entre todes debíamos encontrar la solución para que aquel excluido del orden social normal pudiera hacer en ese espacio lo que no puede en otros. Por ejemplo, cuando cocinamos ahí hacemos comida vegana, aunque muchos igual comamos carne en otras ocasiones, pues así los veganos no se quedan sin comer. Y todo esto se lo explicaba en inglés para que el otro no quedara colgado. Así de ridícula era la situación. Al final ambos dijeron algo así como que no estaban de acuerdo con nuestra decisión, pero que la iban a respetar, jajaja. VALE LOCO, GRACIAS POR TANTO.

Quedamos todas con la bala pasada. Después lo conversamos y lo que la una le decía a las otras era loca, tengo tanta rabia. Se supone que son nuestros compañeros, pero no quieren que hagamos nuestras cosas si no son a su pinta. Entonces no son nuestros compañeros y no hay por qué andar perdiendo el tiempo dándoles explicaciones.

Pero aquí estoy de todas formas.

2

No hay que ser particularmente brillante como para reconocer que cuando nosotrxs hablamos de inclusividad, no lo hacemos bajo la misma lógica del heterocapitalismo. Para ellos la inclusión no es más que una forma de chuparnos toda la sangre, comernos todo el cuerpo y convertirnos en eso que a ellos les conviene para que no los destruyamos. Prefieren tenernos cerca, así, más que controlarnos, nos producen según sus reglas. No están siendo buena onda, no nos están dando una bienvenida: nos quieren obturadxs, agotadxs, impotentes. No es una invitación, están abriéndonos la puerta a la miseria.

Nuestra inclusividad es otra cosa. No promete una presencia ni una representación a todo el mundo sólo porque sí y en cualquier momento. Si hablamos de inclusión nos referimos más bien a un ritmo para que aquellos cuerpos más violentados ahí afuera, en ese mundo que odiamos, puedan aumentar sus fuerzas. Y eso significa que a veces algunos van a tener que restarse o quedarse callados, especialmente cuando hablan desde una posición en la que están mejor que el resto. Porque si creen que lo más importante es poder gritar a los cuatro vientos todo lo que opinan, tener la última palabra y obtener acceso a cada encuentro, entonces están cooptados como el que más y no los necesitamos acá. Si se ponen así, no vamos a compartir nuestros espacios con ustedes. No nos interesa.

Si me pongo sincera, algo que no siempre se debe hacer, el asunto no se trataba necesariamente de seguridad ni de protección ni de que fuéramos débiles y asustadizas, una cosita frágil. Al menos si yo no quería que hubieran hombres merodeando en nuestro espacio no era porque me iba a poner nerviosa y me iba a dar miedo. Lo que yo no deseaba era que ellos supieran cómo puedo defenderme. En el momento en que se les asoma el machismo son potenciales enemigos. Si son enemigos, algún día podrían agredirme. Y si van a atacarme, no quiero que sepan cómo voy a responder. Pienso que es es exactamente lo que los asusta de nuestros agenciamientos, por eso se ponen así, intempestivamente a la defensiva y dando argumentos tan poco pensados. 

3

"When he's nice to me he's just nice to himself
And he's watching his reflection
I'm a five foot mirror for adoring himself
Here's seven years bad luck
I wanna tell him"
Lush, Ladykiller

Mi cuerpo es una contradicción. Está ocupado por dos personas muy diferentes, una la que me hicieron y otra la que intento ser. En los momentos en que ambas se enfrentan la intensidad suele sobrepasarme y reacciono de formas que no me sirven para nada: se me llenan los ojos de lágrimas, me pongo a tiritar, la voz se me quiebra o bien derechamente grito, no puedo expresarme con claridad, de mi boca no salen las cosas como las piensa mi mente, me enredo y tartamudeo, el hilo de mis ideas se corta, me encojo sobre mi vientre y me dan ganas de acostarme en el suelo y quedarme dormida. Es curioso, porque sólo reacciono así cuando la amenazada soy yo. Si por ejemplo debo ayudar a otra persona, especialmente si es alguien que quiero, me agarra una fuerza inesperada y no me derrumbo. La fuerza la tengo adentro, el problema es que toda la vida me han exigido pasividad y miedo, en el fondo, ser una buena víctima.

Me enoja muchísimo que este cuerpo haya sido producido de forma tal que la docilidad me protege más que la rabia. No, no lo puedo decir así, la docilidad no me ha protegido, nada más ha impedido que ciertos episodios violentos escalaran a algo más amenazante y destructivo. Eso se espera de nosotras: que nos dejemos violentar un poquito nomás, así no pasa a mayores. Solamente la puntita. El asunto es que si reacciono con rabia, es probable que el ataque sea mayor, con más odio, con más saña, tal como lo hicieron con Nabila.

Igual que un animalito, he tenido que hacerme la muerta para que no me hicieran quién sabe qué cosas. Nunca sabré lo que no me hicieron, pero para haber evitado eso, tuve que aguantar otras cosas que tampoco quería que pasaran. Y no quiero seguir viviendo así, medio muerta. Quiero toda la vida que me han quitado.

La rabia sirve, de todos modos. El mismo hecho de sentir rabia significa que algo en mi cuerpo cambió y que hay cosas que ya no quiero aguantar. La rabia facilita el alzamiento porque te quita el miedo, incluso puede ir acompañada de la cautela para que el movimiento sea más efectivo. Se puede tener rabia y no perder el control. La rabia ejercita al cuerpo. Esta no es la rabia colérica del fascismo, es la rabia alegre de quien va a liberarse.

Hace unos días hablé con alguien a quién me gusta llamar amigo, pero han pasado algunas cosas que impidieron el desarrollo de esa amistad así que no sé cómo nombrar esa relación, aunque sí, digamos amigo porque hay que decretar. En todo caso, filo: estábamos hablando sobre por qué no hablábamos, porque quizás ya sea hora de ponerse a hablar o no, pero algo hay que hacer en esta época que está tan rara. Ese es de esos amigos por los que yo, quizás porfiadamente, sigo insistiendo en explicarle estas cosas a los hombres. Porque es de esos hombres a los que no les gusta la idea de ser machistas de mierda, que preferirían ser otra cosa, pero han aprovechado bastante las bondades del machismo de mierda porque finalmente haber sido producido como varón es eso. Así de simple. El machismo no se encuentra en las partes más conscientes de su discurso, sino justamente ahí donde no se han podido ver a sí mismos, ahí donde las cosas parecen naturales, ahí en lo que no están dispuestos a sacrificar, ahí en lo que nos reclaman a nosotras. Y eso pasa con todos ustedes, cabros. Como dice Monique, rara vez se habla de dominación sobre aquello que ya se posee.

La cosa es que estábamos medio curaos y el acuerdo que regía esa conversación era la sinceridad, lo que a mí me pareció muy necesario y especialmente bonito, porque podíamos serlo con cuidado e incluso cariño. Hablando sobre lo que escribo -lo que es también una forma de hablar de mi sin hacerlo directamente- este amigo dijo que habían cosas que le gustaban y cosas que no. Lo que no le gustaba, explicó, era que sentía que la rabia me cegaba. Ya: yo creo que si este mismo amigo escucha a otra persona decir algo así de cualquier otro que siente rabia, lo encontraría bien patudo ¿o no? Es más, pienso que aceptaría la rabia de cualquier otra persona que podríamos llamar oprimida, que incluso encontraría en la rabia ajena o en la propia un potencia necesaria para luchar, cualquier rabia contra este mundo, menos la rabia de las mujeres. Cuando nosotras tenemos rabia nos enceguecemos y no podemos ver las cosas como se supone que son. Yo lo único que te puedo decir amigo, es que desde el punto en el que estoy parada yo, junto a mis compañeras, estoy viendo un montón de relaciones, producciones, violencias, opresiones y fugas que tú no. Volá tuya si me crees, pero sería genial que no me atribuyeras un error cuando simplemente estamos en planos de interpretación diferentes. Y pienso en lo maravilloso en que podrías hacer este mundo si tú también pudieras ver lo mismo que nosotras, por eso insisto en la hueá, no sólo contigo sino con otros a los que también quiero llegar a llamar amigos y saben quiénes son (aer, levanten la manito). Quizás no pienses que lo querías decir así directamente, porque uno lleva adentro muchas palabras que no le son propias y trata de convencerse de lo contrario, pero si cuestionas mi rabia en el fondo me estás pidiendo pasividad y docilidad, me estás exigiendo que aguante, me estás demandando que siga comportándome como una mujer debe. Y eso algún día me va a matar. Así de brígidas están las cosas. Y con sinceridad y con cariño y también con rabia, porque todo eso puede convivir en un mismo cuerpo, te digo que me importa un pico que a un hombre no le guste mi furia.






















No hay comentarios:

Publicar un comentario