Mi vida es una caminata nocturna entre frazadas añejas, gritos desde la vereda opuesta y cucarachas que apenas esquivan mis pies.
Mis piernas ya conocen el mapa de donde vivo o muero
que es el mismo que interpreta mi pecho para saber que debe soltarse
cuando la noche está vacía y mi sombra es lo único que me asusta,
es decir, al llegar a las mismas calles que transito de día
donde puedo ponerme los audífonos y dejar de imaginar por qué lado debo tomar la navaja para no enterrármela a mi misma y salir patrás.
Vida o muerte.
Ojalá fuera una cosa o la otra,
pero soy mujer y arriesgo algo peor que la muerte
(ustedes nunca entendieron que para nosotras PATRIA O MUERTE es lo mismo que MUERTE O MUERTE).
Mi vida es una caminata nocturna entre perros huachos.
Yo no sé ser manada porque me dan ganas de llorar cuando los despido en la reja.
Ellos nomás le ladran a la luna y se van a morder un taxi sin haberme bautizado de ninguna forma.
De noche todos los gatos son negros
y tenemos un pacto de no molestarnos.
Ninguno le pregunta al otro qué estás haciendo acá a estas horas porque conocemos la respuesta.
Me cierran un ojo o me exhiben su cola.
Yo les tiro un nucnuc y les sobo el lomito como quien no quiere la cosa.
Mi vida es una promesa de que avisaré cuando llegue.
La cosa es que para cuando cruzo la puerta estotros ya se han olvidado de nuestra caravana.
Caiga o no caiga, igual no se enterarían hasta el almuerzo.
En medio de esta vida amanece
y hay un cerro que es mío
y un lado del río que es mío
y unos carros con ceviche que son míos
y unas palmeras sobre Santiago que son mías
(de las que se comen, dulcecitas)
y unas torres bien altas rodeadas por unos blocks en avenida Perú que no son míos
pero una vez soñé que vivía en ellos así que algo mío son.
Ahí, entre esas calles con nombres de galaxias y planetas, vivíamos todos los que vivíamos juntos antes de empezar con las heridas (todxs quedamos atrapados en la misma educación sentimental que a veces negamos, para qué estamos con cosas)
Yo entraba volando desde el lugar en el que me siento a observarlos desde el cerro,
sólo que entonces desconocía mis habilidades mágicas
¡era una premonición!
adiviné el punto exacto del Universo en el que me instalo todos los domingos para hacer germinar esto que no es ni cordura ni locura.
Me siento ahí sola a sonreír porque todo lo que miro es mío y el aire que me entra al pecho también.
No me da pena porque sé que algún día alguien me acompañará
y entenderá perfectamente lo que siento en ese lugar que es mi zona o mi océano inteligente o mi casa en llamas
justo cuando estemos tomándonos de la mano para saltar y deslizarnos juntos dentro de otro sueño.
Incluso si tengo suerte no será sólo uno
sino muchos
tantos
entrando por cualquier ventana como si fuera una selva
sabiendo ser la manada que no llora cuando hay que cerrar la reja
y todos seremos el jugo de maracuyá con miel que el otro espera cuando se han caminado cuatro horas seguidas
o el cuchillo que hay que llevar por si cualquier cosa
yo seré la gata que les cierra el ojo escondida debajo de un auto
porque sabré en qué andan
así que vayan tranquilos porque por ahí nos vamos a encontrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario