sábado, 6 de diciembre de 2014

Ya no soy sauce llorón, sino una bestia mágica de nutritiva sangre (o en realidad esto es para ti)



Esto me daba mucha pena. Lo escribió Rosario Castellanos:

Inclinada, en tu orilla, siento cómo te alejas. 
Trémula como un sauce contemplo tu corriente 
formada de cristales transparentes y fríos.
Huyen contigo todas las nítidas imágenes, 
el hondo y alto cielo, 
los astros imantados, la vehemencia 
ingrávida del canto.

Con un afán inútil mis ramas se despliegan, 
se tienden como brazos en el aire 
y quieren prolongarse en bandadas de pájaros 
para seguirte adonde va tu cauce.

Eres lo que se mueve, el ansia que camina, 
la luz desenvolviéndose, la voz que se desata. 
Yo soy sólo la asfixia quieta de las raíces 
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.

Sólo que no. Yo no soy un sauce (ni un pájaro). Es decir, lo fui o pensé que lo era y eso es lo triste. (Ya) no soy un árbol de pelo verde y chascón al que el río le pudrió las raíces. Hoy soy una bestia mágica, que cambia constantemente de forma. A veces me salen garras donde antes tenía aletas o me aparecen más ojos, como a las moscas, para verlo todo diferente. Una fiera mágica no es lo mismo que un animal mitológico, que sólo vive en relación con los humanos y no para sí mismo u otras bestias. Para convertirse en una bestia hay que haber sufrido.

Qué triste sería ser un unicornio, por ejemplo. No son más que caballos frágiles y miedosos, pero el brillo nacarado de su cuerno atrae a los incautos que no son capaces de descubrir que el fulgor de su carne es igual que el de la luna: no les pertenece. Lxs que luchamos sabemos que todo espectáculo está destinado a la extinción. Y si no, es nuestro deber destruirlo. El unicornio, como tantos otros animales que perecieron en los mitos, no deviene. Vive solo.

Yo no sé qué seas tú ahora, aunque si estoy segura de dos cosas: (1) ya no eres río y (2) ya no quieres probar este nuevo aliento de bestia que me hace florecer. Filo.

Así como mi pelaje crece frondoso y fuerte, mis oídos están atentos a todo y mis piernas se hacen más densas y me llevan más lejos -y con la misma fuerza con la que yo devengo- deseo que hoy seas lobo o pantera o gato. Espero que no seas una oveja que piensa que es libre sólo porque corrió las vallas de su establo un poquito más allá y el pasto que come le sabe a nuevo.

Que todo esto no haya sido en vano. Aún te quiero y eso significa querer que estés bien y que puedas vivir como se supone que deseabas. Insisto: que todo esto no haya sido en vano. Vive y crece, llénate y sigue creciendo para que te entre mucho más.

A veces duele, pero las bestias no tenemos miedo


Cuando chica sufría unos dolores en las rodillas que hacían la noche larga y angustiante. Los médicos decían que era porque crecía y el cartílago se fisuraba con cada estirón o algo así. A mí no me importaba lo que dijeran de mi dolor, yo sólo sentía que mis huesos se convertían en un hielo que me quemaba las piernas desde adentro hacia afuera. Aún así, me reconfortaba saber que después de todo eso sería más grande.

(Es chistoso igual, porque no crecí tanto. Mi cuerpo se dio un color tremendo para un resultado bastante cercano a la escasez)

Crece. Va a doler, pero nosotrxs estamos pasando por eso y podemos decirte que cruzar al otro lado no significa ni ser cómplice ni infeliz ni un hijo de puta ni un iluso ni nuestros papás ni fachos ni tontos ni penosos ni burgueses ni moralistas ni asustados ni pasivos ni ridículos ni disminuidos ni esclavos ni lo que sea que te da miedo. Ni si quisiera la policía.

(Hoy pienso que eso creías de mi: que yo era la policía, pero el paco estaba en ti e intentabas cargármelo porque no lo soportabas dentro tuyo. Estabas muy equivocado)

Nos hace precarios, sí, pero fuertes, enormes y alegres a pesar de todo. O a causa de ello.

Nosotrx lo estamos viviendo y también nos duele. Se nos hace difícil y preferiríamos hacer otra cosa. Escogimos hacernos responsables de nosotros mismos, que sólo nos sostenga el fuego y no la esclavitud a la que están sometidos los que nos aman. Todos somos bestias capaces de generar nuevos órganos cuando los necesitamos. Esto no lo sabíamos antes, nos hemos descubierto. Nos estamos expandiendo, batallando contra nosotrxs mismos y contra el régimen. Los días nos cuestan, pero algunos (muchos) de ellos pueden llegar a ser maravillosos. Vivimos con los ojos abiertos y la piel sensible. Todo nos conmueve, nuestros cuerpos nunca se duermen. Estamos abiertos a cosas que antes no veíamos y por primera vez estamos viviendo cosas que no imaginábamos. Somos los más valientes. No podemos darnos el lujo de quedarnos en lo cómodo porque ya no hay comodidad que nos espere. Tampoco es que nos interesen los lujos. Si tuviéramos la oportunidad de vivir de otro modo la tomaríamos, creéme.

Esto es tan lindo, que cualquier acto de ternura dentro de nuestra precariedad, me hace llorar cada noche al repasar mi día. Y por esto me refiero a saber que estamos haciendo todo lo posible por luchar y no dejarnos aplastar.

Las posibilidades se abren ante nosotros como la baraja de un tarot que no termina de ser dibujado. Somos nosotrxs los que estamos experimentado y te decimos ven, entre todxs se nos hace más fácil. No te estamos retando, no queremos sermonearte, simplemente te invitamos a luchar hermosamente porque sabemos que tu carne lo puede. Ya la conocemos desde hace mucho tiempo. Nosotrxs te queremos.

Porque el problema de vivir como lo hacíamos hace cinco años es que luego será como hace ocho, después como doce y al final como veinte. El establo se nos haría pequeño sin darnos cuenta y pronto olvidaríamos cómo es el mundo. Si decidimos vivir como lo hacemos ahora no es porque seamos cobardes: estamos comenzado un viaje aterrador porque sabemos que a la larga venceremos. Salimos a buscar el vellocino dorado, pero nos importa un pico encontrarlo. Deseamos la travesía.

Si algo he vivido en estos días es la renovación total de mi sangre. Ahora es espesa y nutritiva. Cada vez que da una vuelta dentro de mi cuerpo se convierte en algo nuevo. No soy el río que pudre raíces ni el sauce podrido. Esta sangre me quema, pero no como el hielo de mis huesos de niña. Es el calor necesario para pelear y vencer. Es con ese mismo calor que deseo que sí, que puedas convertirte en una bestia mágica como yo y lxs otrxs. Como nosotrxs. Y aunque tú y yo no podamos encontrarnos, al menos sabremos que nos oculta la misma noche y nos alimenta el mismo fuego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario